Faverani no triunfó en Málaga
Escrito por Antonio J. Reyes el 27 Ago, 2009 en Not. Destacadas, Opinión • Sin comentarios
Todo el mundo que ha estado de cerca con Vítor Faverani conoce las cualidades innatas que tiene para triunfar en el baloncesto. Una versatilidad adquirida de haber jugado a antes a balonmano cuando sobrepasa los 2’12 que no ha sabido compaginar con inteligencia para saber asumir los retos que se le presentaban. Con tan sólo 17 años asumía el reto del proyecto LEB-2 en la Axarquía como jugador extracomunitario entonces. Un año en el que no cesaron de hacérsele reportajes entorno al futuro que tenía por delante y en el que aprendía de la competición profesional a pasos agigantados. Pero a su vez, mostraba la bisoñez propia de la edad cuando por ejemplo se lesionaba en un entrenamiento por querer jugar al fútbol con un balón medicinal o dejaba colgado a compañeros de los medios radiofónicos en directo una vez comenzada la entrevista, con cualquier excusa porque aún le superaba todo eso. Semana tras semana, ojeadores de la NBA llegaban al pabellón de Vélez, sobre todo cuando enfrente había otro conjunto vinculado, y sin duda Vitor Faverani, era el más destacado en los comentarios de estos. Un chaval que muy jovencito se lo trajo Paco Aurioles desde Brasil ante las cualidades innatas que tenía. Incluso, el mismo Zan Tabak estuvo entrenándolo personalmente un tiempo para ver de cerca lo que estaba dando de sí el jugador de Porto Alegre. Como le comentaba a veces el veleño Rafa Ruiz, entonces el la plantilla LEB-2, el mejor amigo de Vítor era el balón por tantas horas que pasaba con él en las manos.
Y ante sí, en busca de ese crecimiento explosivo que de él se esperaba, se le presentó el reto de la cesión al CAI Zaragoza como apuesta personal de Chus Mateo que lo conocía de su época en Málaga con Scariolo, y allí se encontró una presión que no pudo aguantar. Como bien me comentaba aquel mismo verano Paco Aurioles, el CAI era un LEB más duro que un ACB para el chico, ante el objetivo de sí o sí ascender a la máxima categoría del básket nacional y jugando además como extracomunitario. Allí comenzó a mostrar esa irregularidad que ha ido con él en estos años. Partidazos alguno televisado como uno en León, donde el propio Moncho Monsalve, entonces comentarista y hoy seleccionador carioca, comentaba que pronto a este chico no iba a haber nadie que lo pare en la zona. Pero a su vez, mostraba cierto obstracismo al que se conducía él mismo, alternado además por las salidas propias de un chaval de su edad que no lo centraban en lo que estaba. Pese a salir por la puerta de atrás de Zaragoza, se le presentaba ante sí una nueva oportunidad de crecer en un grande de la LEB en San Sebastián con el Bruesa. Allí continuó con más de lo mismo, sin aumentar sus minutos de juego y viendo como el tren que parecía en su mano hacía unas campañas atrás se le iba escapando. El Bruesa asciende a la ACB pero Faverani no saca de él lo que se esperaba. Vuelve entonces a Málaga con el fin de tenerlo bien sujeto y darle esa oportunidad esperada en ACB ahora con Aíto de entrenador que le da ficha y lo hace jugar incluso como alero, aprovechando su buen tiro, y con lo que conlleva a la hora de parar a un jugador de su envergadura desde el perímetro. Su contrato pasa a los 300.000 euros para dos temporadas, pero a poco de comenzar la liga, su plaza de ACB se esfuma y vuelve a la LEB para ayudar al Clínicas Rincón Axarquía. Comienza a jugar como sin ganas. Tan sólo a destacar curiosamente una actuación que le valió el MVP de la jornada con 34 puntos y 42 de valoración frente a La Palma en casa, sumando además 9 rebotes y 8 faltas recibidas para 42 de valoración. La ausencia de Paulão Prestes, baja aquel día, sirvió para que el pívot carioca se reivindicara, ante los ojos de su madre y hermanos allí presentes, llegados desde Brasil para pasar las fechas navideñas con el pívot cajista, y ante la mirada atenta también de Aíto García Reneses allí presente. Pero quizás el estar a la sombra de Paulão Prestes durante toda la campaña, llevó a Vítor a que no terminara de demostrar el potencial que se le supone desde que llegara. Recuerdo que un tapón a dos manos en la última posesión canaria sobre Sebas Arrocha y dos tiros libres posteriores propiciaron el triunfo final axárquico en ese encuentro. Su partido del año porque pocas veces más se le vio ese baloncesto, con actuaciones mediocres, muchas veces descentrado con los árbitros.
El descontento final lo llevó a su intento de pasar por el draft en el que quedó inadvertido. Unicaja en esta pretemporada lo ha tenido claro: no le daba más oportunidades al brasileño y hasta que no ha conseguido su salida del club no ha parado. Su alta ficha su mayor impedimento. Al final, se llegaba al acuerdo y Faverani puede negociar ya con quien quiera. No lo veremos jugando en principio más en Málaga. Quizás quede como un gran jugador de LEB o de un equipo de la parte media-baja de la ACB. Un chico, que apuntaba bien alto y que dio la impresión que no quiso asumir el reto. Ojalá esté a tiempo de demostrarlo. En Málaga ya no se apuesta por él. Quizás, interesa más que quiera primero apostar por sí, él mismo. El tiempo dirá. Suerte Vítor
Antonio J. Reyes
Y ante sí, en busca de ese crecimiento explosivo que de él se esperaba, se le presentó el reto de la cesión al CAI Zaragoza como apuesta personal de Chus Mateo que lo conocía de su época en Málaga con Scariolo, y allí se encontró una presión que no pudo aguantar. Como bien me comentaba aquel mismo verano Paco Aurioles, el CAI era un LEB más duro que un ACB para el chico, ante el objetivo de sí o sí ascender a la máxima categoría del básket nacional y jugando además como extracomunitario. Allí comenzó a mostrar esa irregularidad que ha ido con él en estos años. Partidazos alguno televisado como uno en León, donde el propio Moncho Monsalve, entonces comentarista y hoy seleccionador carioca, comentaba que pronto a este chico no iba a haber nadie que lo pare en la zona. Pero a su vez, mostraba cierto obstracismo al que se conducía él mismo, alternado además por las salidas propias de un chaval de su edad que no lo centraban en lo que estaba. Pese a salir por la puerta de atrás de Zaragoza, se le presentaba ante sí una nueva oportunidad de crecer en un grande de la LEB en San Sebastián con el Bruesa. Allí continuó con más de lo mismo, sin aumentar sus minutos de juego y viendo como el tren que parecía en su mano hacía unas campañas atrás se le iba escapando. El Bruesa asciende a la ACB pero Faverani no saca de él lo que se esperaba. Vuelve entonces a Málaga con el fin de tenerlo bien sujeto y darle esa oportunidad esperada en ACB ahora con Aíto de entrenador que le da ficha y lo hace jugar incluso como alero, aprovechando su buen tiro, y con lo que conlleva a la hora de parar a un jugador de su envergadura desde el perímetro. Su contrato pasa a los 300.000 euros para dos temporadas, pero a poco de comenzar la liga, su plaza de ACB se esfuma y vuelve a la LEB para ayudar al Clínicas Rincón Axarquía. Comienza a jugar como sin ganas. Tan sólo a destacar curiosamente una actuación que le valió el MVP de la jornada con 34 puntos y 42 de valoración frente a La Palma en casa, sumando además 9 rebotes y 8 faltas recibidas para 42 de valoración. La ausencia de Paulão Prestes, baja aquel día, sirvió para que el pívot carioca se reivindicara, ante los ojos de su madre y hermanos allí presentes, llegados desde Brasil para pasar las fechas navideñas con el pívot cajista, y ante la mirada atenta también de Aíto García Reneses allí presente. Pero quizás el estar a la sombra de Paulão Prestes durante toda la campaña, llevó a Vítor a que no terminara de demostrar el potencial que se le supone desde que llegara. Recuerdo que un tapón a dos manos en la última posesión canaria sobre Sebas Arrocha y dos tiros libres posteriores propiciaron el triunfo final axárquico en ese encuentro. Su partido del año porque pocas veces más se le vio ese baloncesto, con actuaciones mediocres, muchas veces descentrado con los árbitros.
El descontento final lo llevó a su intento de pasar por el draft en el que quedó inadvertido. Unicaja en esta pretemporada lo ha tenido claro: no le daba más oportunidades al brasileño y hasta que no ha conseguido su salida del club no ha parado. Su alta ficha su mayor impedimento. Al final, se llegaba al acuerdo y Faverani puede negociar ya con quien quiera. No lo veremos jugando en principio más en Málaga. Quizás quede como un gran jugador de LEB o de un equipo de la parte media-baja de la ACB. Un chico, que apuntaba bien alto y que dio la impresión que no quiso asumir el reto. Ojalá esté a tiempo de demostrarlo. En Málaga ya no se apuesta por él. Quizás, interesa más que quiera primero apostar por sí, él mismo. El tiempo dirá. Suerte Vítor
Antonio J. Reyes


Todos los sábados a las 13 horas puedes seguir la actualidad de este portal en Radio Marca Málaga