El Unicaja quiso, pero no pudo

Escrito por Antonio J. Reyes el 29 Nov, 2009 en Basket Malagueño, Not. DestacadasSin comentarios

El equipo de Aíto aguanta el tipo ante el poderoso Barcelona, pero acaba cediendo ante la superioridad del vigente campeón de Liga. Jiménez fue el mejor de un conjunto verde al que le faltó fuelle en el esprint final

 Demasiado Barça. Archibald recibe un golpe de Ricky Rubio. El pívot británico no estuvo ayer a su mejor nivel.  Foto Arciniega (La Opinión de Málaga)

Demasiado Barça. Archibald recibe un golpe de Ricky Rubio. El pívot británico no estuvo ayer a su mejor nivel. Foto Arciniega (La Opinión de Málaga)

Lo que no puede ser, no puede ser. Ayer, además, fue imposible. El Unicaja lo dio todo ante el Barça, estuvo acertado sólo a ratos, es verdad, pero jugó un partido muy serio y siempre tuvo contra las cuerdas al todopoderoso equipo ´culé´. Nadó y nadó para acabar ahogado por el esfuerzo a la orilla de una victoria que hubiera sido tan merecida como la que voló hacia ´Can Barça´. Es la ley del deporte, el mejor, casi siempre, es el que gana.

El caso es que el Barcelona, el mejor equipo de Europa, frenó ayer la buena racha cajista de las últimas semanas. Tras las victorias sucesivas ante Valencia y Estudiantes lo de ayer era la prueba del algodón. Ganar al Barça hubiera disparado a los de Aíto en la lucha por la Copa. Pero para ese viaje todavía se necesitan muchas alforjas. Los ´culés´ tiraron de manual, se apoyaron en su inagotable plantilla y no dejaron pasar la ocasión de meterle presión al Real Madrid, todavía ´virgen´ a estas alturas de la Liga Regular –esta mañana recibe al Granada en Vistalegre–.

En el día en que ´Boni´ Ndong regresaba a ´casa´ fueron Navarro y Lorbek los grandes protagonista de la tarde. Pocas veces ha pasado por el Carpena un equipo con el potencial de este Barça 09/10. Si acaso el Panathinaikos de estos últimos años o el CSKA de la época de Papaloukas, Vaterpool, Andersen… y Messina. Xavi Pascual, desde luego, tiene en sus manos al potencial ganador de la Euroliga, de la Liga ACB, de la Copa del Rey y de todo lo que se le ponga por delante. Luego habrá que ver si aguanta el tipo en las situaciones límite, si soporta el ritmo de jugar obligado a ganar un partido sí y otro también y si también le respetan las lesiones. Pero juntar en la misma plantilla a Ricky, Navarro, Mickeal, Ndong, Fran Vázquez, Lorbek, Lakovic y compañía es un pasaporte seguro al éxito.

El Unicaja lo tenía casi imposible. El equipo aguantó el tipo en cada arreón ´culé´. No se dio por vencido, llegó a los cinco minutos de la verdad con sus opciones intactas, pero acabó rendido a la superior plantilla azulgrana.

La derrota vuelve a enfriar los ánimos en esa carrera de obstáculos que el equipo ha iniciado camino de la Copa de Bilbao 2010. Lo de ayer no es definitivo. Todavía las matemáticas están del lado de los de Aíto. Las últimas semanas, además, los resultados están acompañando. A día de hoy parece seguro que el propio Barça, el Madrid, el Caja Laboral, el Valencia, el Joventut y el anfitrión Bilbao estarán en la fiesta del baloncesto del próximo mes de febrero. Pero las otras dos plazas están abiertas. Y ahí es donde quiere el Unicaja meter la cabeza. Cajasol, Gran Canaria y Fuenlabrada apuntan como sus rivales directos. No será fácil, pero mientras hay vida hay esperanza.
De la derrota ante los ´culés´ también se pueden sacar algunas conclusiones que invitan al optimismo. Y es que el inexplicable arranque de Liga del Unicaja en el que no le ganaba a nadie y le hacía arrastrarse por algunas pistas (lo de Santiago es el mejor ejemplo) es ya historia. El equipo ayer perdió, pero dando la cara. Mientras le aguantaron las fuerzas tuvo al Barça contra las cuerdas. Lástima que Archibald no esté bien, que Berni siga sufriendo su falta de pretemporada, que Printezis lleve fuera ya tantas semanas. Quizás con todos al pie del cañón también habrían perdido… O quizás no. Nunca lo sabremos.

Apoyo incondicional. Mención especial merece también ayer la actitud de la ´marea verde´. La grada dio una lección de amor a sus colores. Y con la que está cayendo… Ayudó que el palacio se la tenga jurada al Barça desde tiempo ya inmemorial. La gente joven no tiene ni idea de quiénes son Michael Ansley, Sergei Babkov, Dani Romero, Curro Ávalos o Nacho Rodríguez. Como mucho han oído hablar de ellos a sus padres. Pero el caso es que los 10.000 que ayer estaban en el pabellón (mayores o jóvenes, abonados de toda la vida o de nueva creación) llegaron al partido conscientes de que había que gritar más que nunca. Quisieron ayudar y ayudaron. Ojalá cunda el ejemplo y lo de ayer sea más habitual. El equipo y el palco lo agradecerán.

No fue un buen partido. Hubo emoción, pero poca calidad, sobre todo en ataque. La puesta en acción mostró el guión esperado. El Barcelona tuvo casi siempre el marcador a favor, es verdad, pero el Unicaja nunca se dio por vencido. Navarro fue el gran protagonista de la primera parte –también entraba dentro de lo previsto–. El escolta internacional, como casi siempre, fue imparable. Aíto le puso a Dean, luego a Berni, después a Saúl, otra vez a Dean… Dio lo mismo, se fue hasta los 9 puntos en el primer cuarto y hasta los 14 al descanso.

El Unicaja encontró al mejor Welsch que se recuerda para dar respuesta a la muñeca asesina del tirador blaugrana. El checo acabó el primer cuarto con 7 puntos y fue clave para aguantar el primer tirón de los ´culés´.

Las cosas se complicaron tras el primer parón. Un 2+1 de Mickeal disparó al vigente campeón de Liga en el marcador. El 21-30 del minuto 16 amenazó la suerte cajista, pero el equipo se rehizo a tiempo para llegar con vida al intermedio, 27-30.

El Unicaja aprovechó las rotaciones de Pascual para equilibrar un poco las fuerzas en un tercer cuarto muy pobre en ataque para unos y para otros (10-10).

Dos ´bombas´ de Jiménez en el arranque del último cuarto provocaron el delirio en el Carpena. El Unicaja se puso a uno, 46-47. Pascual tiró de Navarro. Lorbek se echó el equipo a la espalda y el Barcelona supo administrar su renta hasta el 57-63 final.

Emilio Fernández
La Opinión de Málaga

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