¡Qué espantoso ridículo!

Escrito por Antonio J. Reyes el 16 Nov, 2009 en Basket Malagueño, Not. DestacadasSin comentarios

Maxi Stanic, atento a la defensa de Omar Cook. Foto J. Marqués (ACB Photo)

Maxi Stanic, atento a la defensa de Omar Cook. Foto J. Marqués (ACB Photo)

Un Unicaja sin actitud y carácter recibe una de las derrotas más humillantes de su larga historia ante el Xacobeo (83-66), con un presupuesto casi 6 veces menor. El 1-6 en Liga obliga al club a pensar más en la permanencia que en la Copa

Terry acababa de luchar como un jabato por un rebote. Por el suelo, controlando la bola a duras penas, el cajista Guille Rubio trataba de usurparle el balón. El americano consiguió salvar la posesión, pero en su intento se dañó el codo. Con todo el Xacobeo Blu:sens ya en cancha malagueña, dos compañeros, Stanic y el malagueño Alfonso Sánchez, corrieron como un rayo para auxiliar a su compañero. El Xacobeo le daba por entonces un buen repaso al Unicaja (37-29) en la recta final del segundo cuarto.

Es sólo un detalle del espíritu de equipo con el que el humilde equipo gallego afrontó cada posesión, cada acción, cada minuto del partido ante el Unicaja, ante lo que queda del Unicaja. En la pista no valen ni presupuestos ni currículums. De nada sirve que los de blanco sobrevivan con tres ridículos millones de euros en la mejor Liga del mundo al margen de la NBA y los de verde ¿inviertan? casi 18. Llegados a este punto sólo vale la entereza, la fuerza, la intensidad, el pundonor, la actitud, los ´hu….´.

Y de eso, de los verdaderos valores del baloncesto en momentos límite, puso más, infinitamente más el Xacobeo. El Unicaja ni lo intentó. Llegó, quizá repleto de prepotencia, en su avión chárter. Para que los chavales no se cansen. Y luego casi ni se bajaron del autobús para luchar de tú a tú por un partido en el que le faltó orgullo y, también, el respeto a la afición. El equipo pisoteó el escudo. Se puede perder de mil maneras. Pero nunca, jamás, como la de ayer. ¡Sin actitud!

Los locales afrontaban el choque sin su gran estrella, el pívot Marc Jackson, ex del Olympiacos. Jackson es medio equipo para este Xacobeo. Sus compañeros, en vez de bajar los brazos y dar por perdido un partido ante un rival, teóricamente, muy superior, se sublevaron ante un Unicaja patético e indigno de principio a fin.

El segundo hombre en importancia de los gallegos, Terry, también cayó en el campo de batalla, con un problema en su tobillo derecho en el tercer acto. Terry, 13 puntos al descanso, casi doblaba él solito en ese momento a los malagueños, 39-29.

A los de Curro Segura esa baja, fundamental para su ya debilitado bloque, no hizo otra cosa más que unirles, hacerles más fuertes aún: 54-34 (min. 25). Bochornoso lo del Unicaja. Triste su actitud, su falta de profesionalidad. A esas horas, más de un directivo verde debió pensar en ordenar el despegue inmediato del costoso chárter y mandar regresar al grupo en autobús. O caminando, de peregrinación.

El destino le dio entonces una oportunidad al Unicaja. Por segunda vez, se fue la luz en el pabellón. Se había quedado a oscuras en el tramo final del segundo cuarto. Y volvió a apagarse en plena racha del Xacobeo, con el encuentro 20 abajo para los costasoleños. La luz regresó a Santiago. Al Unicaja, eso sí, no volvió a encendérsele la bombillita. Si es que alguna vez emitió algo de claridad.

Un triple de Vasileiadis, una penetración de Alfonso Sánchez, otra canasta del griego… La desvergüenza llegó a los 23 puntos de desventaja: 61-38. Con dos ex cajistas, un griego y un malagueño cedido, como grandes figuras locales. La cosa, la verdad, ya no podía empeorar más.

Ni el quinteto revolucionario de Aíto en el último cuarto –Williams, Cook, Dean, Lima y Freeland– levantó el partido. En el Xacobeo reapareció Terry. Cuando el Unicaja ya comenzaba a olisquear ese colchón moral de los 10 puntos (68-54), Curro Segura situó de nuevo a Vasileiadis en pista y el hipermotivado escolta zanjó la cuestión con un triple. La cuarta falta de Jiménez –había hecho dos en un minuto y medio que lastraron muchísimo al Unicaja– le dio tres tiros al americano: 74-56 (min. 36). El marisco estaba ya ´vendío´ en la bella ciudad compostelana. Hubieran hecho falta cinco Augusto Lima, con la fuerza y su predisposición, para cambiar el panorama. No fue así. Lima sólo hubo uno.

No se puede caer más bajo en la Liga ACB, donde el Unicaja vuelve a ser penúltimo, empatado con 1-6 al colista Murcia. Y a dos triunfos del Xacobeo, un club que en el mes de julio aún no sabía si iba a disputar la ACB, que no tenía un solo jugador en su plantilla y casi ni fax ni teléfono en su humilde sede. Me resisto a pensar que esto es lo que hay. Que, más que pensar en la Copa, habrá que salvar primero los muebles y ganarse la salvación. Este 1-6 retumba a zozobra.

Copa imposible. Tras siete jornadas, y el Unicaja con 1-6 en su casillero, la Copa del Rey la veremos en Málaga este año por la tele. Así de duro y así de triste. Hoy dirán todos en el seno del equipo que sí, que hay que ir partido a partido, que faltan aún muchos y que la Copa, mientras no sea un imposible desde el punto de vista matemático, seguirá siendo el objetivo verde. Si de verdad lo escuchan, ríanse. Y díganle a ese ´mesías´ de turno que le venda esa moto a otro. Que usted no la compra.

Restan diez jornadas para el corte de la Fase Regular y el Unicaja debe ganar, al menos, ocho partidos. Estos muchachos han demostrado que, si quieren, pueden. El problema es que parece que no están muy por la labor. Es lo peor.
Que el Unicaja tenga que estar esperanzado en que Jiménez sea el máximo anotador del equipo explica a las claras cómo se gestó en verano esta plantilla. La baja de Printezis ha herido mortalmente a un equipo que, sin el griego, pierde talento ofensivo y agresividad. Ni Welsch, entonado este año, fue capaz de aportar otra cosa que 4 puntos en casi 30 minutos en pista. Y lo malo es que nadie echó ni siquiera de menos a Saúl Blanco.

Términos como espíritu, sacrificio, intensidad, continuidad o concentración están fuera del alcance de este grupo en la Liga ACB. El miércoles, ante el Valencia, puede liarse una muy gorda en el Carpena. Dios no lo quiera.

Fali Molina Guerra
La Opinión de Málaga

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